¿Qué puedo ver con un telescopio?

Cuando un nuevo aficionado a la astronomía nos pregunta: ¿qué puedo ver con un telescopio? lo más habitual es que se nos haga un nudo en la garganta. Y es que la respuesta no es nada fácil. Si respondemos sin meditar mucho, lo más probable es que no aclaremos nada a nuestro interlocutor o que, en el peor caso, se aleje de nosotros llevándose una idea equivocada de lo que es capaz un telescopio de aficionado.

Hay que responder con cautela y hacerlo aclarando tres puntos básicos: la escala, qué se ve y cómo se ve.

Una persona que nunca ha mirado con un telescopio no sabe qué se ve y, lo que es peor, a veces no conocen qué escala es la que proporciona la imagen de un telescopio. Alguien me ha preguntado hace no mucho ¿se ven las constelaciones enteras?

Sobre la escala, primero, explicar que no, no se ven constelaciones enteras sino que un telescopio nos permite ver una parte realmente pequeña de una constelación. De esa forma, proporcionamos una idea sobre la escala. Que no es poco. Por dar una referencia, un telescopio nos permite ver el campo equivalente a una moneda que sujetamos con nuestros dedos cuando alargamos el brazo apuntando al cielo. Por tanto, cuando apuntamos un telescopio, en general, vemos una porción realmente pequeña del cielo.

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Responder  aquello de “qué se ve” consiste en explicar que, con un telescopio, se pueden ver multitud de cosas. Es frecuente escuchar de un observador novel que cuando apunta un telescopio al cielo sin más y mira a través del ocular, ve tan solo estrellas aisladas y solitarias. Sugerirle que consiga apuntar a una estrella brillante es lo primero para ver su aspecto y su chispear fruto de la  turbulencia de la atmósfera.

Hay que explicar que conviene empezar por alguno de los cuerpos del Sistema Solar y que su observación proporciona imágenes muy atractivas. La Luna es un cuerpo obligado, primero, con poco aumento para verla entera y, después, con cierto aumento para ver los detalles de su superficie. Más tarde, son recomendables las lunas de Júpiter, los anillos de Saturno, las fases de Venus, etc.

Mención obligada en este punto es contar a nuestro amigo recién llegado a la afición sobre la observación del Sol y sus peligros. Le citaremos la observación del Sol como posible y le indicaremos que, al principio, siempre lo haga por proyección y con alguien experimentado al lado para evitar accidentes.

Una característica de nuestro sistema visual es que no somos capaces de ver colores cuando observamos cosas con poca luz. El bajo brillo de los objetos celestes hace sea muy poco frecuente ver colores a través del telescopio. Sin embargo, hay una excepción, son las estrellas dobles, en las que el contraste entre dos estrellas cercanas permiten disfrutar de colores siempre suaves y sugerentes. Tenemos que hablar de ellas a nuestro amigo y mencionar las de obligada visita como las estrellas dobles Albireo en la constelación del Cisne, delta de Orión y la doble-doble de Lyra

Por último, hay que contar lo que se puede ver más allá del Sistema Solar, lo que los aficionados llamamos cielo profundo… y ahí la cosa se complica algo.

En esta categoría de objetos de cielo profundo encontramos los siguientes tipos:

  • Cúmulos abiertos. Agrupaciones de estrellas de densidad baja o media. En general, fáciles de observar y en los que podemos contar las estrellas por decenas o algún centenar. Algunos buenos representantes de esta categoría en el hemisferio norte son las Pleyades, el Pesebre, Messier M35 y el bello doble de Perseo

 

El cúmulo doble de Perseo. (Crédito: UnderOakobservatory)

  • Cúmulos globulares. Son mucho más densos que los anteriores hasta el punto que no conseguimos ver espacio entre las estrellas. Cuentan con estrellas por millares y hasta cientos de miles. Alguno de los más famosos son el cúmulo de Hércules (Messier M13) o Messier M15 en la constelación de Pegaso.

 

Cúmulo globular Messier M13 en Hércules (Crédito: Alvaro Ibañez -kokehtz-)

  • Nebulosas. Son acumulaciones de gases iluminados bien sea por tratarse de materia ionizada o bien porque alguna estrella cercana ilumina el gas. El cielo nos ofrece nebulosas enormes y otras francamente pequeñas. Son objetos esquivos y con telescopio de aficionado es difícil ver mucho detalle pero mirando a través del telescopio podemos ver algunas de estas nebulosas como la famosa nebulosa de Orión Messier M42, la circular de la Lira Messier M57 o la Dumbbell.

 

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Nebulosa Dumbbell (Crédito: Antonio Peña)

  • Galaxias. Las galaxias son objetos realmente lejanos, mucho más que cualquiera de los citados más arriba. La consecuencia de esa enorme distancia entre nosotros y las galaxias es su debilidad. A través del telescopio, son objetos muy pequeños y poco luminosos, por lo que tan solo podemos aspirar a ver pequeñas nubecillas algodonosas con nuestro telescopio. Aún así, son los objetos más emocionantes porque estamos viendo cuerpos a millones de años luz de distancia. La mejor galaxia por derecho propio es Andrómeda, una galaxia parecida a la nuestra. Después, dos galaxias que hay que visitar son Messier M81 y Messier M82 en la Osa Mayor.

Galaxias M81 y M82 (Crédito: Terry Hancock)

Otra típica pregunta es si se puede utilizar un telescopio astronómico para ver objetos terrestres. La respuesta es que sí, que se puede aunque hay que aclarar que dependiendo del sistema óptico de nuestro telescopio, es posible que la imagen tenga algún tipo de giro. Podríamos ver lo de la derecha a la izquierda o lo de arriba verlo abajo. Estos giros no son importantes en la observación del cielo pero pueden ser molestos al mirar un objeto terrestre y ver ¡el cielo abajo y el suelo arriba! Hay que preguntar si hace falta alguna lente adicional para poder utilizar nuestro telescopio con los ejes correctos para uso terrestre. En uso astronómico, preferimos no poner más lentes en el telescopio (que siempre degradan algo la imagen) y ver los ejes volteados.

 

Por último, hay que contar a nuestro paciente amigo cómo se ven las cosas a través de un telescopio y prevenirlo sobre que lo que lo verá a través del instrumento no son las imágenes que circulan por la red o que ha visto en libros. Le advertiremos que las fotografías se obtienen acumulando luz durante muchos minutos (a veces muchas horas) y que nuestro ojo cuando mira por el telescopio no trabaja de la misma manera, sino que tan solo acumula una fracción de segundo.

A modo de ejemplo, conviene aclarar que no verá imágenes como las de arriba sino que, por ejemplo, las galaxias M81 y M82 mencionadas arriba se observaran a través del telescopio como algo parecido a esto

 

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y podemos darle otro ejemplo sobre cómo se verá un objeto del Sistema Solar como el planeta Saturno y sus anillos.

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Para alguien que empieza, esto puede suponer una ducha de agua fría si es que esperase ver colores impactantes e imágenes impresionantes. La astronomía observacional es algo mucho más sutil y que debe ser degustada poco a poco, aprendiendo con el tiempo, mejorando tanto nuestro equipo como nuestra habilidad para extraer detalles de la imagen que nos proporciona un telescopio. Es impresionante como se entrena la forma de mirar a través del ocular y comprobar que cada vez sacamos más detalles de lo que vemos.

Y, como no, hay que decir que el atractivo de ver en directo una galaxia a través de un ocular por débil y difusa que la percibamos, observar los los pequeñísimos anillos de Saturno o el chisporroteo de  la periferia de un cúmulo globular son experiencias únicas.

Bien, si nuestro amigo ha sido capaz de aguantar toda nuestra explicación podemos concluir que, al menos, tiene paciencia suficiente para afrontar una afición tan exigente como ésta.

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Esta explicación, disfrazada de consejos para un veterano a la hora de responder a la famosa pregunta de ¿qué se ve con un telescopio? no intenta ser más que una guía básica para que los que se acercan por primera vez a la afición posean una idea más cercana a la realidad de lo que un telescopio de aficionado es capaz. Qué es capaz de mucho.

 

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